El Festival de Cine recupera Toby Dammit, una obra maestra de Fellini, en la próxima sesión de «Efecto Cinema»

 El próximo sábado 7 de noviembre, a las 20:30 horas, el cortometraje de Fellini abrirá la segunda sesión de la cita que continuará con la película de culto El carnaval de las almas de Herk Harvey, después de haber proyectado Little Joe de Jessica Hausner, a las 18:00 horas

 Las entradas tendrán un precio de 4.50 euros por pase o 7 euros en la modalidad de entrada conjunta, podrán adquirirse en taquilla y también en la web de Cinesa, en el caso de la entrada por sesión aislada


Las Palmas de Gran Canaria, viernes 30 de octubre de 2020.- El programa Efecto Cinema que el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria propone dos sábados al mes en Cinesa El Muelle regresa el próximo 7 de noviembre con una cautivadora selección de títulos, en versión original con subtítulos, que se corresponden con una tradición fantástica relacionada con la ficción apocalíptica: Litle Joe de Jessica Hausner (18:00 horas) y la sesión doble del cortometraje Tobby Dammit, obra maestra de Fellini, seguida de la película de culto El carnaval de las almas de Herk Harvey (20:30 horas).

La primera película, Little Joe (2019, 105 minutos), vista en Cannes 2019, es una apuesta del equipo de programación del Festival, un “imprescindible” incluido en la lista de títulos de Panorama del Festival que hubo que cancelar por la crisis sanitaria, mientras que las otras dos obras se incluyen como películas de culto, dos clásicos rara vez proyectados en gran pantalla que no pueden obviarse en una programación relacionada con la ciencia-ficción.

El cortometraje Toby Dammit (1968, 35 minutos), en concreto, fue concebido como parte de una película que incluía tres trabajos independientes relacionados con el legado de Edgar Allan Poe: Historias extraordinarias, poder verlo de manera independiente en cine es un hecho remarcable. Asimismo, El carnaval de las almas (1962, 78 minutos) un film con intenso sentido de la puesta en escena, ampliamente reivindicado por la cinefilia y por autores como David Lynch, George A. Romero o Lucrecia Martel, volcará en una de las grandes pantallas de las salas del Centro Comercial El Muelle, el enorme potencial del cine independiente para dejar que el horror planee sobre la atmósfera.

La visión del Festival de Cine sobre la selección de obras (textos de Luis Miranda, director de la cita cinematográfica):

LITTLE JOE de Jessica Hausner (Austria, 2019)
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Little Joe es ciencia-ficción en sordina: no hallaremos las vainas gigantes ni las metamorfosis viscosas de aquellos clásicos del género que narraban la invasión de entidades vegetales que se apoderan de seres humanos. Aquí el género fantástico es cultivado sobre una trama que, en el fondo, es un melodrama concienzudamente enfriado. El melodrama es el género de la felicidad aplazada, pero en Little Joe todo anhelo se somete a lo que hoy se conoce como actitud pasiva-agresiva. Los educados botánicos compiten sin lealtad por el logro de una flor terapéutica. Irónicamente, el monstruo diseñado tiene el poder de estimular la química de la felicidad. No parece haber ya otro modo de concebirla si no es mediante intervención genética.

Esa trama se refleja a su vez en la relación entre la diseñadora de la flor y su hijo, cuyo nombre se emplea para denominar a la nueva especie. ¿Hay amor, hay cautela, hay aprensión entre ambos? ¿Qué señales leer en este niño? Cría cuervos.

TOBY DAMMIT de Federico Fellini (Italia / Francia, 1968)
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“El horror y la fatalidad han estado persiguiéndonos en todas las épocas, ¿por qué entonces habré de ponerle una fecha a la historia que debo contar?” Fellini toma al pie de la letra esta cita del relato de Edgar A. Poe "No os apostéis la cabeza con el diablo", precisamente para adaptarlo con toda libertad y llevarlo a su imaginario. Convierte así a Dammit en un actor inglés de aire vampírico (Terence Stamp), alcohólico, mortalmente demacrado, desmayado y de pronto furioso, abducido sin remedio por el torbellino mediático de su llegada a Roma.

Se le ha contratado para protagonizar un “wéstern católico” financiado por el Vaticano. Todo lo que le sale al paso cae de lo grotesco a la alucinación, pero él lleva consigo su propio infierno. Asqueado, poseído como un demente, se lanzará en persecución de la figura que encarna su propio deseo de muerte.

Quizás nunca se vio tan libre Fellini para dibujar un mundo tan ajustado a lo que el crítico José María Latorre llamaba “musical onírico-fantástico”. Ni se le vio tan desprejuiciado para tomar “préstamos” de otras películas: véanse la carrera final de Dos semanas en otra ciudad (1962) de Minnelli, y la niña siniestra de Operación miedo (1966) de Mario Bava.

EL CARNAVAL DE LAS ALMAS de Herk Harvey (Estados Unidos, 1962)
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Con Psicosis (1960) de Hitchcock, el cine de terror se hizo adulto. El carnaval de las almas (1962), sin embargo, es la precursora de su vía juvenil, la que iban a abrir Tobe Hopper o George A. Romero a golpes de hacha y sierra mecánica. ¿Más bizarro cuanto más barato, o viceversa? Pero El carnaval de las almas es aún anterior a Vietnam y el Nuevo Hollywood: no destaca por ser cruenta. La inquietud que le interesa reside por completo en las presencias -y las ausencias- indeseables.

Genera escalofrío pero no es película de “sustos” -ninguna película de terror verdaderamente poética lo es. El horror se cuece en la atmósfera y se deja reposar: silencio repentino del mundo alrededor, soledad de lugares antes poblados y ahora desiertos. De repente un rostro en el cristal: de acuerdo, se concede un “susto”, pero es algo más interesante que eso. La misión del cine de terror nunca fue mirar lo horrible (eso lo hacen todas las películas), sino dejar que lo horrible te mire.