«A veces el amor», una autoficción que certifica que, “a veces, para contar una verdad hay que contar una mentira”

El director José Víctor Fuentes protagoniza un irónico repaso a su vida y sus vínculos, armado con mucho material real… y ciertas ganas de despistar a sus íntimos

“Para mí, todo es cine. Y en este caso lo llevo a la exageración: me convierto en un personaje que forma parte de un relato”, apunta el realizador


Las Palmas de Gran Canaria, martes 13 de abril de 2021. A veces el amor (2020) es una perfecta demostración de autocrítica. De cómo muchas veces no hay que tomarse demasiado en serio a uno mismo para ser de verdad trascendente. José Víctor Fuentes practica en este film, que ahora aterriza en el apartado Canarias Cinema del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, lo que él mismo denomina “autoficción”. Algo que ha conseguido materializar a partir de mucho material real, rodaje al punto de falso documental, una mirada siempre irónica pero no por ello menos tierna sobre su propia privacidad y ciertas ganas de despistar a sus íntimos. Aunque, sobre todo, “es un análisis de mi vida, sobre todo desde que conozco a mi chica. Es un viaje hacia el interior de nosotros mismos. Y en ese viaje lo que encuentro es el amor”.

La chica es la fotógrafa Virgina Park, codirectora de fotografía de la película, porque, entre otras cosas, suyo también es buena parte del material real recopilado por un autodefinido “cinéfago”. Alguien al que se le ocurre grabar, por ejemplo, el resultado del test de embarazo que confirmaría su paternidad, la reacción posterior de la pareja y el pánico instantáneo ante el espejo. Fuentes afirma en A veces el amor que “ser padre me destrozó la vida”. Pero claro, “¡Es pura ironía! Menos mal que pasó así”.

La pieza es un recorrido por una inicialmente tópica crisis de los cuarenta: un repaso a la vida de verdad, que, hacia la mitad del metraje da un giro a “lo que podría haber sido”. El director no quiere contar “lo que es verdad o es mentira. Para mí, todo es cine. Y en este caso lo llevo a la exageración: me convierto en un personaje que forma parte de un relato”. Lo hace consciente de que corre un riesgo, porque “a veces la gente no entiende esa ironía. Como cuando le dices a alguien que es un mierda y en realidad lo que le estás expresando es que le quieres montón”.

Por eso, Fuentes siempre trató a su proyecto “como una peli de ficción. Hasta sigue la estructura del viaje del héroe, y acaba con la vuelta a casa. El personaje descubre que la meditación y el silencio te hacen reencontrarte a ti mismo. Y eso te lleva al amor. Lo de la meditación y el silencio, por cierto, sí que es real en mi vida personal”. El realizador, en todo caso, es un convencido de que “a veces, para contar una verdad hay que contar una mentira. Y las cosas serias hay que contarlas de cachondeo”.

¿Fue complicado el proceso? Indiscutiblemente, sí. Hasta el punto de que llegó a tener 39 montajes diferentes. El último parece haber sido el bueno, el que llega a Canarias Cinema. Han sido “cuatro años de edición. Incumplí todos los plazos. Me cargué una parte entera que había rodado en Nueva York. Pero lo cierto es que me divertí un montón haciéndola y, sobre todo, editándola. Al verla acabada así hasta parece que tenía un guion preparado”.

Y a pesar de todo, Fuentes no se considera, en puridad, un montador, “que me parece una palabra seria. Yo lo que he hecho es editar. Y sí que intenté pillar a un montador, pero al final pensé que esto lo tenía que organizar yo. Sabía y no sabía lo que estaba haciendo. No se lo podía contar a nadie, no le podía explicar qué quería exactamente, porque lo estaba descubriendo. Es verdad que Octavio Guerra estuvo conmigo dos años y medio ejerciendo de Pepito Grillo de la edición. Ha sido mi consejero espiritual”

Tanto vaivén con el metraje le llegó a hacer sufrir, a perder la fe en la calidad del trabajo. Pero al final, intentado siempre “que la peli no estuviera llena de corazones”, Fuentes logró contarnos “un cuento: es una mentira, aunque se cuenta una gran verdad”.

Antes de este último trabajo José Victor Fuentes ha firmado varios cortos y tres largometrajes: 90 minutos & I love you (2011), La Luz de Mafasca (2012) y 11211 (2014), que obtuvo una mención especial del jurado en el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. Y ha sido el impulsor del Festivalito de La Palma: un certamen que ha creado cantera en Canarias. “No he enseñado a nadie a hacer cine en el Festivalito”, recalca el director, “sólo le pegué una patada a un balón y un montón de gente se puso a jugar con él”. Y en esas sigue.

Sobre el Festival Internacional de Las Palmas de Gran Canaria, Fuentes recuerda que “casi todos mis trabajos los he estrenado ahí. Es un Festival en el que se crea un encuentro muy interesante de gente. Hay un pique sano. Y aprendes del otro, no sólo cuando ves su corto, sino cuando hablas con él. En mi caso, lo que más he visto, sobre todo, es cine canario”.

A veces el amor se proyecta a las 12:00 horas de este miércoles 14 de abril, en la Sala Cinesa 9 del Centro Comercial El Muelle. Se ha programado un pase a las 19:00 horas con la presentación de José Víctor Fuentes. El acto está sujeto a las correspondientes medidas de seguridad para combatir la propagación de la COVID-19, siendo obligatorio el uso de mascarillas y el respeto de la distancia social en las proyecciones.